martes, 24 de diciembre de 2013

YoMama: La tortura de vivir con hambre

Durante toda mi vida escuché que las embarazadas tenían náuseas y se la pasaban llorando todo el día.
En ya mi semana 16 puedo afirmar que no tuve vómitos y que mi caracter ha sido el mismo de siempre, con todo lo bueno y todo lo malo que esto implica!!
Pero si he padecido y padezco a diario un hambre que no me deja pensar.
Es un proceso que se da cada dos o tres horas, en el que empiezo a sentir ganas de comer algo, después empiezo a sentir un poco de dolor de panza (de ese dolor en el que suenan las tripas) y si no hago nada al respecto, me voy apagando, como diria el padre del niño. Voy empezando a tener sueño, me cuesta prestar atención, hasta que me duermo irremediablemente.
De todas maneras, trato de nunca llegar a este estado ya que a veces me provoca dolores de cabeza; pero el problema radica en que cuando me dispongo a comer algo nunca nada es suficiente. 

Hasta ahora cualquiera podria pensar que no como durante el día; el inconveniente es que hago religiosamente cuatro comidas diarias, con dos colasiones y que estos episodios se dan en el medio de estas seis comidas.
El otro inconveniente es que cuando esto pasa no puedo comer "una o dos galletitas para engañar el estomago". Necesito comer algo contundente, como un segundo almuerzo, o una segunda cena. Porque para todo esto, este primer almuerzo (que tambíen puede ser primer desayuno, o primer merienda) tiene que estar lo suficientemente equilibrado como para no dejarme con hambre, pero tampoco con dolor de estómago, cosa que ocurre cuando como de más.

De esta manera, voy adviertiendo que todo mi embarazo transcurre mientras me ocupo de ver cuando como y sobre todo qué, ya que con independencia de algún antojo, cuando empiezo a sentir que me muero de hambre no quiero chocolates, no quiero un pedazo de torta... quiere algo que me llene. 
Y así me encuentro ante la segunda sorpresa, que es una heladera llena de yogurt y frutas. 

Quién lo hubiera dicho? Qué burla del destino es, con mi debilidad por una comida bien grasienta o empalagosa, terminar disfrutando de una ensalada de frutas? de un cuarto kilo de helado al agua? levantarme pensando en que fruta voy a cortar para hacer una mini compota y mezclarla con el yogurt con cereales que desayuno? comprar una pizza y solo comer dos porciones?

Qué paso con mi pronostico de engordar 25 kilos dando rienda suelta a mis ganas de comer -que en realidad seria un comer más de la rienda que ya siempre tengo suelta-? que milagro de la ciencia es estar en mi cuarto mes de embarazo y haber engardado solo medio kilo?

Espero que esta noche buena Papá Noél me traiga -o mejor dicho me devuelva- mi estomago de toda la vida, porque pensar en una mesa dulce llena de turrones y mantecol y no poder probar bocado me aterrra.

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Quiero dedicarle esta publicación a mi amiga Vale que ayer con tanta paciencia me escuchó explicarle mi epopeya alimenticia, y obviamente a mi Sr. Marido Marce que es quien directa o indirectamente la padece junto a mi.

A todos los demás, les deseo una muy feliz navidad!