sábado, 4 de agosto de 2012

DiariosdeViaje: mi primer día en Londres

nuestra primera mañana en Londres fue un sueño hecho realidad. me asome por nuestra ventana en el segundo piso, mire los canteritos con flores de colores, las marcas raras en el piso y todas esas casitas blancas iguales y fui feliz.
pero las sorpresas no terminaban ahí. salimos de la habitación y el interior de la casa, nuestro hotel, que ayer a la noche no habíamos podido apreciar por tanto cansancio me dio ganas de quedarme a vivir en el pasillo sobre la alfombra mullida. ni hablar cuando encontré el ventanal que daba el pulmón de la manzana, tenía una vista al interior de todas las casas con sus diferentes jardines y su vegetación desacomodadamente inglesa.
seguimos bajando los escalones y nos encontramos con que el desayuno se servía en el subsuelo. poco, o casi nada acostumbrados a que estos sean espacios habitables nos encontramos los dos sorprendidos de estar mirandos los piecitos de las personas que pasaban por la calle mientras desayunabamos.
nos sirvieron -muy correctamente por cierto- una porción de tostadas a cada uno, un té, y había un pequeño buffet con fiambres, frutas, manteca, mermelada y nutella. debo decir que aquí comenzaron dos idilios, el mío con ese desayuno, en esa habitacion con mesas de manteles a cuadritos celeste, y el de Marce con el nutella.


con la pancita llena salimos a Londres, dicho esto con toda la propiedad del mundo ya que cuando salimos del subte en la estacion Westminster dimos de lleno con el emblema de la ciudad, el Big Ben. nos lo quedamos mirando pobrecito como embobados y empezamos caminar hacía un lado y el otro puente, obviamente, junto a una increible cantidad de turistas igual de embobados que nosotros. en este momento tuvimos nuestros primeros problemas de tránsito, esto de que los autos vengan del otro lado no tiene nada de onda! menos cuando uno quiere cruzar la calle mirando fijamente un reloj que está unos cuantos metros por encima de la cabeza.

seguimos caminando con nuestro mapa y vimos pasar un colectivo rojo de dos pisos, cuyo piso superior era descubierto, y pensamos en que no podíamos estar en Londres sin subirnos a uno -seguramente los demás turistas pensaron lo mismo, y seguramente ese bus estaba ahí porque todos los turistas ibamos a pensar en eso- en consecuencia, nos subimos al colectivo... y nos sentamos en los primeros asientos de la parte de arriba. ja! bien turistas!
recorrimos todo el centro de Londres -lo que nos sirvió para decir qué partes ibamos a visitar y para darnos una idea de la disposición de la ciudad. nuestro guía era el típico inglés semi-impresentable de las comedias inglesas (como el que viaja a Estados Unidos en la película Realmente Amor) y estaba particularmente indignado con la boda real, que hacía pocos meses se había realizado y los aumentos en los impuestos para costear las obras para los Juegos Olímpicos que están transcurriendo en estos momentos.

el ticket del bus rojo incluía un paseo en ferry, entonces decidimos bajamos en el Puente de la Torre de Londres, para almorzar algo y después volver mediante el ferry a la estación Westminster.
encontramos un barcito muy lindo sobre la calle acceso al puente y probé otra de las delicias que me encantaría poder encontrar en Buenos Aires, el jugo de mango y naranja J2O. riquísimo.

recorrimos los alrededores de la Torre de Londres y quedamos impactados con la exactitud con la que fueron reproducidos en el Puente de la Torre los colores de nuestra bandera. para ellos interesados, deben saber que el Puente de la Torre lleva los colores del país al cual Inglaterra ganó su última guerra, en este caso la Argentina, por la Guerra de Malvinas.

volvimos al hotel, con unos sandwichitos escondidos en la mochila para cenar y nos fuimos a dormir. al día siguiente nos tocaría levantarnos super temprano para volar el siguiente destino.