martes, 31 de julio de 2012

4 días en Paris: Versailles y Montmartre

31 de julio de 2011: hace un año madrugamos.
madrugamos porque teniamos que tomar a primera hora de la mañana el tren -que afortunadamente pasaba por una estacion a pocas cuadras del hotel, sobre ese puentecito que contaba ayer- con destino a Versailles. una vez ahí comprobamos lo que era ser un turista en una de las ciudades más visitadas del mundo.

para entrar al famoso palacio había que hacer dos filas, una para sacar la entrada y otra para entrar efectivamente. en un brote de inspiración sacamos nuestras entradas por internet, por lo que la primer fila no la tuvimos que hacer. aún así, siendo cerca de las 8 de la mañana, tuvimos que esperar mas de media hora para entrar.
valió la pena cada segundo de espera. nos encontramos con una construcción imponente y super lujosa, a pesar de hacer sido reamoblada mediante donaciones y pesquizas de mobiliario efectuadas mucho después de la revolución francesa, en la cual el palacio fue saqueado. hay que destacar que, aún con el mobiliario incompleto, tanta opulencia hacen claramente factible un deseo desenfrenado de saquearlo! basta de brocato, basta de dorado a la hoja! 
también encontramos otros tesoritos, como un local de Ladurée (http://www.laduree.fr/fr/scene) donde me mande mi primer papelón: recorrí la tienda haciendo como que me guardaba todos los productos en mi cartera al grito de "me choreo todo" es un perfecto castellano, que a miles de metros de Buenos Aires pensé que nadie iba a entender. nadie, con excepción de la vendedora de habla hispana que cuando me auto-pregunté en voz alta cuanto saldría una cajita de macaroons me contesto muy claramente "quince euros". también fue un lugar de confraternización con un paisano, que después de escuchar mi vergonzoso diálogo con la vendedora se acercó para preguntarnos a qué precio estarían los toblerone en el aeropuerto de Ezeiza.
sacamos unos cuantos cientos de fotos, aquí hay solo algunas... 

así las cosas, llegamos al mediodía. compramos unas baguettes para el camino de vuelta a París y nos subimos al tren.

continuando con las sorpresas, nos encontramos bajando del tren (en esa estación a pocas cuadras del hotel) frente al Café de París.
le hicimos honor con un "café au lait" y un"soufflé de frutos rojos", que si bien equivalieron en costo a una cena, valieron cada centavo.

pero lo que más recuerdo de esta tarde es que comprendimos esa idea de que en el viejo continente las ciudades no tienen cuadrícula. nos pasamos una cuadra y en lugar de volver, dijimos "sigamos una más y después volvemos"... ese después volvemos se transformó en un "terminamos caminando por una avenida que no figuraba en el mapa". en consecuencia, aparecimos en una parte muy poco turística de París de condominios (o porque no conventillos) de inmigrantes africanos. 

seguimos caminando, y después de mucho, mucho caminar llegamos al Arco del Triunfo. debo decir que Marce lo disfrutó a pleno. lo recorrimos, de un lado, del otro y seguimos caminando por la "Avenue des Champs-Élysées" (donde por qué no reconocer que hice algunas compritas) y por la verdadera avenida de la moda, la "Montaigne" (donde por qué no reconocer que para comprar alguna cosita debería haber vendido una de mis queridas corneas)

 pero esto no fue todo, buscamos un lugar donde cenar -que merecerá en otra oportunidad su propia entrada del blog- y nos dimos cuenta que aún ya siendo las diez de la noche, quedaban cosas por hacer.

he aquí uno de los momentos mas románticos del viaje. decidimos subir a la Torre Eiffel de noche y ver desde adentro los destellos de las diez, once y doce de la noche.

no sin antes tener una linda espera, subimos los más de seiscientos escalones para ver a la ciudad luz con las luces de la noche. una vista impresionante (que no se si se refleja bien en la foto :( ... ).

una última anédocta: mientras estabamos bajando, agotados, una pareja parisima nos pasó por al lado. él de pantalones náuticos y mocasines, ella con taco aguja y blusa de seda. nos sentimos unos verdaderos parias!! ha pasado un año y sigo sin entender como hicimos para subir y bajar esos escalones sin que se les note el esfuerzo...

mucho para un solo día, no? es cierto, por eso, bajamos de la torre, bordeamos el Senna camino al hotel y nos fuimos a dormir para tener un 1° de agosto igual de intenso.